CONDUCTEAM

La conducta verbal como un problema

Este artículo plantea que la conducta verbal está sobrevalorada, mientras que, paradójicamente, se ignoran sus alcances. Se señala que esta forma de conducta sostiene a la conducta gobernada por reglas, la que a su vez sostiene a las instituciones, y estas últimas, a la cultura. Por otro lado, busca mostrar cómo la conducta verbal tiende al subjetivismo, lo que lleva a la creación del dualismo y otras taras del pensamiento. Finalmente, cuestiona tres categorías que son inevitables en cualquier formulación verbal y que ejemplifican la arbitrariedad de la conducta verbal, todo con el fin de invitar a una lectura crítica del libro “Conducta Verbal” de Burrhus Frederic Skinner.

 

 

1. La importancia de la conducta verbal

 

De acuerdo con Ardila (2007), Skinner consideraba que su obra “Conducta Verbal” había sido su principal aporte al conocimiento. Este autor agrega que el papel de la conducta verbal en nuestra especie es prioritario, y que es la base de la cultura humana (p. 197).

 

Ello plantea como mínimo dos preguntas: ¿Qué llevó a Skinner a dar mayor valor a ese libro -que él mismo consideró poco riguroso a nivel experimental- frente a otras obras grandiosas como “La Conducta de los Organismos”, “Programas de Reforzamiento” o cualquier otro de sus libros y artículos? ¿Por qué es prioritaria la conducta verbal en la cultura humana?

 

Para dimensionar estas preguntas se puede plantear la siguiente situación hipotética: Un extraterrestre visita este planeta y se interesa por el peculiar comportamiento auto-destructivo de los humanos, luego de estudiarlo concluye que hubo un momento en la evolución de la especie en la que se truncó el proceso de cambio y ello se debió a la aparición de la “conducta verbal” (el lenguaje).

 

Entonces, hace esta declaración: “Humanos, para evitar su extinción deberán identificar todo aquello que es conducta verbal y todo aquello que dependa de ella y eliminarlo”. ¿Qué haría la humanidad? ¿Cómo identificaría la conducta verbal y sus productos? Algunos se atreverían a pensar que el extraterrestre está pidiendo que la especie vuelva a ser como los otros animales,  ¿y cómo son los animales?

 

 

2. Naturaleza de la conducta verbal: Lo que es y lo que no es

 

Skinner (1957, p.11) hace una muy buena descripción de lo que no es conducta verbal cuando afirma: “Ciertos procesos, que los organismos humanos comparten con otras especies, alteran la conducta en forma tal que se logra un intercambio más seguro y útil con un medio ambiente en particular. Cuando se ha establecido la conducta apropiada, sus consecuencias funcionan a través de procesos similares para mantenerla en vigor.  Si por azar el ambiente cambia, las formas antiguas de conducta desaparecen, y las nuevas consecuencias dan origen a formas nuevas”.

 

Se puede decir que esta es la conducta controlada o moldeada por las contingencias, pero definitivamente no es la única; como cada persona puede evidenciarlo, la mayoría de su comportamiento actúa de forma indirecta en el medio, mientras que el efecto directo lo tiene en otras personas (Skinner, 1957).

 

Así mismo, la mayoría de estimulación que recibe la persona proviene del comportamiento de otros humanos y de los productos de esos comportamientos. Esa sería la conducta verbal.

 

Lo cual plantea estos interrogantes: ¿qué comportamientos se controlan por contingencias? O mejor, de lo que hace un humano ¿qué afecta principalmente al medio más que a otros humanos?  O también, ¿qué comportamientos humanos logran un intercambio seguro y útil con un medio ambiente particular que no sea el medio particular formado por otros humanos?

 

Aun así, Skinner (1957) explica que este tipo de conductas que se mantiene por los efectos que consigue en el comportamiento de otros humanos que a su vez afectan al medio, sigue teniendo su origen y explicación en acciones mecánicas directas. Lo que quiere decir que este tipo de conducta es de la misma naturaleza que la conducta controlada por contingencias.

 

Entonces, ¿cuál es la diferencia? Hay varias. Por ejemplo, según Skinner, una de ellas es la dificultad para describirla. Pero lo que queda claro es que no se trata de diferencias en la naturaleza o esencia de este tipo de conducta.

 

Otra pregunta muy necesaria sería: ¿Suponen los humanos una diferencia natural o esencial entre estos dos tipos de conducta? La respuesta es sí, y de una forma muy problemática.

 

Se entiende por conducta verbal “aquella que tiene su principal efecto en el medio a través del efecto que tiene sobre el comportamiento de otros humanos”. Skinner describe que esta conducta tiene formas muy variadas y no se limita a la conducta vocal ni textual. Por ejemplo, hay ruidos y gestos que, sin ser palabras o frases, son claramente verbales. Lo que la hace una conducta de amplio espectro sin tener en cuenta sus productos.

 

 

3. Conducta moldeada por contingencias y conducta gobernada por reglas

 

Pero si se quiere conocer el alcance real de la conducta verbal e identificar su importancia en la “cultura”, hay que ver el paralelo que Skinner constituyó entre la conducta controlada por las contingencias y la conducta gobernada por reglas, dado que la conducta gobernada por reglas es todo un sistema de conducta dependiente de la conducta verbal.

 

Pérez Álvarez (2020), señala la importancia de este sistema de conducta mostrando cómo se re-conceptualizó en el Modelo de los Sistemas 1 y 2 de Kannemann, prescindiendo de los aportes de Skinner.

 

Para apreciar su trascendencia hay que vislumbrar la omnipresencia de instituciones para el control del comportamiento humano diseñadas por humanos, como la familia, la educación, el trabajo, la legalidad, la salud, la recreación, la sexualidad, y un largo etcétera; y cómo estas instituciones utilizan predominantemente la conducta verbal en la forma de reglas para ejercer el control.

 

También hay que ver las implicaciones de la identificación, aceptación, intervención, subyugación y/o resistencia a esas instituciones, pues tales respuestas frente a esas instituciones en su mayoría tienen también una composición verbal.

 

 

4. El origen de los otros “mundos”

 

Skinner describe que los efectos de la conducta verbal son resultado de una serie compleja de eventos que incluyen la conducta del oyente. La última consecuencia no posee una relación geométrica o mecánica útil con la forma de comportamiento físico (vocalizar, hacer ruidos o rayones en una hoja).

 

Sin duda, es característico de la conducta verbal el hecho de que no actúa sobre el mundo físico (Skinner, 1957). El hecho de que no actúe en el mundo físico es la mejor explicación de que los humanos supongan una diferencia natural o esencial de la conducta verbal, lo que sin lugar a dudas tiene mucho que ver con el dualismo y la subjetividad.

 

El hecho de que la conducta verbal no tenga relación geométrica o mecánica con la consecuencia, explica cómo se llegó a suponer una realidad alternativa que puede ser mental, conceptual, informática, virtual, cultural, espiritual o de cualquier otra índole.

 

Sin embargo, hay que reiterar que la conducta verbal y sus productos no están más allá de la realidad física, las conductas del hablante y del oyente, tomadas en conjunto, forman lo que podría denominarse un “episodio verbal total”. No hay nada en este tipo de episodio que sea más que el comportamiento combinado de dos o más individuos.  Nada “emerge” en la unidad social. (Skinner, 1957).

 

Actualmente ¿dónde se puede identificar la limitación de ese episodio verbal? ¿A qué se refería Skinner con “nada” emerge? Actualmente, hay conductas verbales tan complejas y tan distantes de las contingencias, que la limitación del episodio es casi imposible, lo que representa un gran problema en su control y que lo que emerge es el mundo subjetivo.

 

 

 

5. Filosofía, lógica y ciencia como conducta verbal

 

Existe un campo de la conducta verbal que debería ser el primero en analizarse funcionalmente, no solo por sus posibilidades en el cambio de contextos humanos, sino porque en él resulta más peligroso el hecho de que se suponga que emerge algo de naturaleza diferente en el episodio verbal. Se trata del conocimiento filosófico, lógico y científico.

 

Skinner (1957) propone que el análisis funcional de la conducta verbal debe responder a esta pregunta: ¿Cómo puede el científico, el matemático o el lógico manipular su propia conducta verbal en el pensamiento productivo? (p. 13).

 

Además, plantea que la lógica, las matemáticas y la metodología científica han reconocido las limitaciones que las prácticas lingüísticas imponen al pensamiento humano, pero generalmente se han limitado a un análisis formal; en todo caso, no han desarrollado las técnicas necesarias para un análisis causal del comportamiento del hombre que piensa. (Skinner, 1957, p. 14).

 

Pero, como él mismo menciona más adelante, pensar consiste en situaciones en las que el hablante y el oyente están “en la misma piel”, de modo que si las prácticas lingüísticas imponen limitaciones al pensamiento humano y el pensamiento es una práctica lingüística, ¿dónde está la limitación y lo limitado?

 

Lo que está limitado es la conducta verbal y lo que la limita es la pseudo-explicación de su control, porque cuando se formula una teoría científica o una regla de la lógica se está emitiendo conducta verbal, la cual es multi-causal y tiene su origen y control principal en las contingencias directas.

 

Estas contingencias directas -contrario al juicio del filósofo, lógico o científico- no provienen de la situación actual sobre las que se está “contrayendo conocimiento”, sino de aquellas en las que el individuo aprendió las operantes verbales que está usando en esa actual “construcción”.

 

Sin embargo, cuando se formulan estas teorías se supone una correspondencia perfecta e incluso una representación neutral y exclusiva de la realidad en ese “mundo verbal”.

 

 

6. El mundo de las ideas y la “reificación”

 

Por ejemplo, Skinner denuncia el uso de causas ficticias en la explicación de fenómenos psicológicos y menciona que tales pseudo-explicaciones habían impedido el estudio científico de la conducta verbal.

 

Aún hoy, los conductistas denuncian el cerebrocentrismo, y otras pseudo-explicaciones. Lo que posiblemente Skinner y los conductistas contemporáneos ignoran es que, es posible que recurrir a causas ficticias sea un problema propio de la conducta verbal. Más adelante se desarrollará esta idea.

 

Por ahora, es necesario poner como ejemplo de las limitaciones de la conducta verbal los argumentos de Skinner (1957) y de Freixa (2003) respecto a la doctrina de las ideas y la reificación.

 

Es interesante ver cómo el conductista debe esforzarse en demostrar que no existe otra naturaleza o esencia que controle a la que se experimenta como realidad, sin embargo, la doctrina de las ideas, significados e información no ha muerto y la reificación no se detiene precisamente porque la consideración monista y materialista del conductismo es poco popular.

 

Por un lado, ofrece una alternativa no muy viable porque cuando obliga al hablante a renunciar a las pseudo-explicaciones se descubre la triste realidad de que el hablante no “conoce” las explicaciones reales.

 

Por otro lado, hace que la conducta verbal pierda la automaticidad y economía que la caracteriza. Estas resistencias contra el cuestionamiento de las pseudo-explicaciones, el mundo subjetivo como causa y las reificaciones, tienen su origen en la misma naturaleza de la conducta verbal.

 

Skinner desglosa el mundo de las ideas mostrando los problemas que presenta al ubicar la causa de la conducta, verbal y manifiesta, dentro del organismo. Muestra cómo se desplaza la explicación, llevándola a un plano inobservable aparentemente desprendido de la conducta verbal, del que ésta no es más que su medio imperfecto de expresión.

 

Muestra que, de las ideas se pasó a los significados y a la información renovando el problema sin solucionarlo; hay que agregar que estos tres conceptos junto con muchos otros conviven en el “mundo verbal” haciendo cada vez más complejo abordar el pensamiento, la lógica, la ciencia, el conocimiento y muchas otras cosas, como lo que son: como conducta verbal.

 

Por otra parte, Freixa (2003) muestra con metáforas cómo es que se llega a pensar que las causas de la conducta están dentro del organismo y son de una naturaleza diferente. Denuncia que un fenómeno no cambia su esencia de acuerdo a la mayor o menor accesibilidad del observador. Lo que es muy importante.

 

Por otro lado, señala la diferencia entre propiedades esenciales y propiedades relacionales. Definiendo a la conducta como una propiedad relacional que por ser relacional no reside en el organismo ni en el ambiente. Afirma que, los objetos (y los sujetos), por definición y por pura lógica, no poseen la interacción ni en su interior ni en ninguna parte, sencillamente, interactúan, que es muy diferente.

 

Asimismo, la conducta no es una propiedad esencial del organismo, sino una propiedad relacional; y es por ello que se expresa mediante un verbo, que designa acción, y no mediante un sustantivo (de sustancia, esencia) que designa un objeto con res extensa. Una piedra no tiene peso (sustantivo), pesa (verbo). Un enamorado no tiene amor (y que todos los “Romeos” del mundo me perdonen), ama. Un delincuente no tiene agresividad, agrede” (Freixa, 2003, p. 604).

 

Pero, propiedad no es propiedad si no le pertenece a nadie y si le pertenece a la relación, la relación ha de ser sujeto para que tenga algo. Así que no, la conducta no es una propiedad relacional, es solo la relación, la propiedad como constancia está en el criterio del observador, en sus reglas; es decir, en su conducta verbal.

 

 

7. Cuestionamiento de las categorías de “sujeto”, “acción” y “causa”

 

Ello pone sobre la mesa el objetivo de este artículo, aunque es posible formularlo de un modo adecuadamente desconcertante: ¿Existe en la realidad (es decir, más allá de la conducta verbal) lo que se conoce como “sujeto”, “acción” y “causa”?

 

La siguiente argumentación pretende demostrar que en la conducta verbal hay un error “categorial” irremediable que condiciona y limita cualquier cosa que se pretenda hacer con ella; y es, precisamente, el carácter categorial o la propiedad de crear categorías.

 

Los humanos que mejor manejan la conducta verbal han reconocido parcialmente el problema, pero la solución es apresurada, el mensaje es “conocemos que el conocimiento es limitado y no puede llegar a la verdad pero hacemos con él lo que podemos”. Pero, ¿qué hacer si este sencillo “reconocimiento verbal” de la limitación de la conducta verbal no es suficiente?

 

Cuando Freixa (2003) propone el error categorial de la reificación, aclara que hay una diferencia entre la acción y el sujeto u objeto. Pues el error consiste en ver sujetos y objetos donde hay acciones y asignarles el estatus de causa de otras acciones; el siguiente ejercicio consiste en cuestionar la existencia del sujeto y del objeto, la acción y la causa.

 

 

7.1. Sujeto

 

Las proposiciones u operantes verbales, que son cosas que se dicen respecto a otras cosas, usan inevitablemente un sujeto; estas proposiciones tienen al sujeto como el responsable o la causa de la acción, o también, como el poseedor de una propiedad o cualidad.

 

Al ser una práctica regular y muy difundida, se cree en esta “responsabilidad” o “causalidad” del sujeto, se le ve como la causa de la acción, diciendo cosas muy variadas y algunas muy cuestionables; por ejemplo, se dice que Juan toca el violín, que el viento mueve el molino, que la máquina falló, que los cuerpos pesan, etcétera.

 

Así, la reificación es casi inevitable, porque en la conducta verbal, así formulada, Juan, el viento, la máquina y los cuerpos, son causas de acciones y/o poseedores de características. Sin embargo, parece ser Juan el que tiene mayor responsabilidad, el que es más “causa” de lo que le pasa al violín.

 

Pero ¿qué tal si el sujeto no existe? ¿Qué tal si cada proposición implica una reificación? He aquí dos argumentos: Si la conducta es la relación entre fenómenos y el sujeto hace parte de la realidad, es decir, es un fenómeno, ¿no es posible que sea una conducta? ¿No es posible que lo que llamamos sujeto sea una relación entre otros fenómenos?

 

Por ejemplo, ¿no será Juan una conducta que aparece entre diferentes sistemas, órganos, tejidos, moléculas, elementos, organizaciones previas de la materia y otras condiciones ambientales no menos formadas por otras interacciones? ¿Juan es Juan incluso desnudo en el espacio o en el fondo del mar o a mil grados centígrados? ¿Juan es Juan tanto en la escuela como en la casa? ¿Es lo mismo en la mañana que en la tarde? ¿Juan es Juan mutilado, en coma o muerto?

 

Porque el viento no lo es, todos podemos ver que cuando hablamos del viento no nos referimos al mismo de ayer. No hay forma de demostrar, y ni siquiera de plantear, la existencia de un sujeto cuando todas sus “características esenciales” son relaciones entre otros fenómenos. Freixa termina el artículo diciendo: “Conducta eres tú”. Pero quiero agregar que: “Conducta eres tú, y nada más que eso”.

 

Freixa (2003) dice que la accesibilidad de un fenómeno no tiene por qué implicar una diferencia en la esencia de ese fenómeno. Pero, es posible que, al no ver al humano “conectado”, se ignore que está en contacto permanente con el medio, hasta el punto en que el medio lo define, lo crea; incluso en la estructura que le da la apariencia de “ser constante”.

 

Hay que recordar que esa constancia, por un lado, no es tan constante, porque el cuerpo cambia todo el tiempo (o sería mejor decir que el cuerpo es cambiado todo el tiempo). Y, por otro lado, esa constancia, en algún momento fue un cambio de esa forma de organización de la materia, que estuvo en función del ambiente y que gracias al mismo ambiente se conserva.

 

La constancia del sujeto y la regularidad de sus cambios equivale a la constancia del medio y la regularidad de sus cambios. Además, decir por ejemplo, que un sujeto tiene estómago (o cualquier órgano, proceso o capacidad) es una distorsión muy peligrosa aunque casi inevitable en la conducta verbal.

 

 

7.2. Acción

 

Por otro lado, en cuanto a la acción, si se dice que una piedra cayó, no se atribuye la “acción” de caer a la piedra, como si se hubiera lanzado ella misma, aunque la proposición es justamente esa “la piedra cayó”; se ve más como si caer fuera algo que le hubiera pasado a la piedra.

 

Pues bien, lo mismo sucede con los demás objetos o sujetos, no hacen nada, la acción no existe, existe más bien la pasión, cosas, acontecimientos, cambios, que le pasan a ciertos fenómenos (ya no sujetos).

 

En el ejemplo de Freixa (2003) se diría que la piedra no pesa, que pesar es algo que le pasa a la piedra; que el enamorado no ama, amar es algo que le pasa al enamorado; que un delincuente no agrede, agredir es algo que le pasa al delincuente. Suena raro, además de poner en duda todo nuestro mundo verbal. Sin lugar a dudas, cabe la posibilidad de que la idea de “sujetos” que hacen cosas (acciones) sea debatible.

 

 

7.3. Causa

 

En cuanto a las causas, si Juan toca el violín, lo que le pasa al violín es culpa de Juan, pero Juan no tocaría si no tuviera violín, entonces quien haya puesto al violín y a Juan en el mismo lugar también es culpable, pero si Juan no hubiera sabido ni como se cogía el violín, no lo estuviera tocando, así que quien le enseñó a Juan a tocar el violín también es culpable, junto con quien pagó las clases. Por su parte el violín no estaría donde está si no hubiera sido fabricado, sin olvidar que las partes con que se fabricó, no salieron de la nada.

 

De modo que hay tantos culpables de que Juan esté tocando el violín, es posible la pregunta: ¿Juan toca el violín o quizá solo es eso lo que se ve, desde la escasa accesibilidad al fenómeno, de la que habla Freixa? ¿Por qué Juan se lleva el aplauso cuando acaba de tocar y no todas las personas, conductas o situaciones (todos los fenómenos) que fueron imprescindibles para que eso pasara? ¿A qué juega el científico cuando habla de descubrir las causas de un fenómeno? Esto es imposible. Sin lugar a dudas, está hablando de algo diferente.

 

 

 

8. Preguntas abiertas

 

Esa es la cara poco conocida del conocimiento, o mejor, de la conducta verbal; y no es algo fácil de ignorar luego de que se sabe, porque comienzan a aparecer preguntas y respuestas a cosas realmente complicadas: ¿Qué es el conocimiento, la filosofía, la ciencia, la lógica, la vida, la humanidad, la ley, y cualquier cosa? Bueno, inicialmente se debe saber que antes que nada, son operantes verbales y toda operante verbal de tipo “sujeto u objeto” es una síntesis arbitraria de fenómenos desconocidos que, por escasa accesibilidad y por la limitación de la conducta verbal, se perciben como sujetos u objetos.

 

Hay que recordar que el fenómeno actual del que la conducta verbal es función no es el único estímulo que controla esa conducta verbal sino que hay otros estímulos pasados y presentes que determinan el alcance y las propiedades de esa conducta verbal.

 

En conclusión, la conducta verbal es una distorsión muy útil ya que nos permite disponer causalidad para figurar cambios que resultan imposibles en el ambiente real; sin embargo, los humanos vivimos en una dependencia de este tipo de conducta y de sus productos, lo que limita el desarrollo de otros comportamientos, es por eso que el extraterrestre del comienzo haría la sugerencia de eliminar este tipo de conducta junto con sus productos. Uno de sus principales problemas es la creación de categorías como sujeto, acción y causa. Pero claramente no son los únicos, queda mucho por cuestionar.

 

Las citas de Skinner presentadas en este texto sólo corresponden al primer capítulo de conducta verbal, sería  interesante seguir analizando esta maravillosa obra que, sin lugar a dudas, es la mejor contribución de Skinner al conocimiento (por la forma en que lo cuestiona).

 

 

REFERENCIAS:

 

· Ardila, R. (2007). Verbal Behavior de B. F. Skinner: su importancia en el estudio del comportamiento. Revista Brasileira de Terapia Comportamental e Cognitiva, 9(2), 195–197.

 

· Freixa, E. (2003). ¿Qué es conducta? Revista Internacional de Psicología Clínica y de La Salud, 3(3), 595–613.

 

· Pérez Álvarez, M. (2020). ¿Qué nos importa Skinner, treinta años después? Papeles Del Psicólogo, XX, 1–11.

 

· Skinner, B. (1957). Conducta Verbal (1st ed.; Editorial Trillas, ed.). México.

Acerca del autor

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Psicólogo de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Profesional en atención clínica y social. Psicoterapeuta. Conductista radical. Anarquista conductual.

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