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La responsabilidad del psicólogo

Antes de iniciar el contenido de esta publicación me gustaría hacer algunas aclaraciones: evidentemente con el título me refiero tanto a psicólogos como psicólogas, y aclarar que esto es una opinión, cualquier persona que lo lea puede estar o no de acuerdo con lo que aquí expongo.

 

El objetivo de esta publicación es remarcar la responsabilidad que tenemos los profesionales de la salud mental ante la sociedad y las consecuencias negativas que trae consigo la mala praxis y la difusión de desinformación. Trataré de hacer un análisis de lo general a lo particular, sin más preámbulos tomen sus palomitas y descendamos a las fauces del abismo de lo que está mal en la práctica psicológica.

 

 

1. La (ir)responsabilidad del psicólogo

 

Navegando por Internet, uno se puede dar cuenta de que cada día salen noticias de psicólogos y psicólogas hablando de distintos temas. En principio, esto no sería contraproducente, ya que en la sociedad existe aún un desconocimiento muy grande acerca de la labor del psicólogo. Sin embargo, es muy común ver a profesionales de la “salud mental” clamar y divulgar a diestra y siniestra cosas que pueden ser peligrosas para la población en general.

 

No sólo por la mala imagen que le da a la profesión (que luego nos preguntamos por qué la sociedad nos ve como simples consejeros), sino que muchas de esas afirmaciones pueden agravar un problema (reforzando conductas indeseables), o alejar a una persona del tratamiento que necesitan para su problemática comportamental.

 

Por desgracia, esto no es nuevo, el desconocimiento de fenómenos científicos en la población general ha generado un preocupante aumento de difusión de información falsa, algo común en cualquier ciencia, y no sólo en la psicología. Vemos a famosos explicando, sin ninguna duda, que el popular virus actual es una invención del gobierno, y que el dióxido de cloro es la solución a ese problema, o que las vacunas no sirven para nada, y más que ayudarnos terminan por perjudicarnos.

 

De igual manera podemos conocer gente que afirma que la tierra es hueca y que dentro de ella hay un mundo subterráneo habitado por reptiles antropomórficos que también dominan las altas esferas del mundo. En psicología tenemos a muchas personas hablando de cosas, que si bien no son tan fantasiosas y conspiranoicas como las anteriores, de igual manera generan un desconocimiento en la población general, algo que como veremos también puede ser “peligroso”.

 

Para ejemplificar el peligro que puede tener la irresponsabilidad de un profesional de la salud, me gustaría exponer dos casos. En el libro de Vicente Caballo e Isabel Salazar “Ingenuos: el engaño de las terapias alternativas” (2019), dentro del capítulo IX, Mónica Ventura habla de la terapia del renacimiento o la respiración sanadora.

 

En este capítulo menciona el caso de la niña Candance Elizabeth Newmaker, una niña de 10 años que fue diagnosticada con “apego reactivo” en Colorado en el año 2000. Su madre adoptiva buscó ayuda con una reconocida terapeuta “especializada” en “apego”. La terapeuta y su socia le practicaron la terapia de renacimiento.

 

Durante el proceso, a lo largo de cuatro días, agarraron y cubrieron en múltiples momentos la cara de la niña, sacudieron su cabeza y le gritaron. Posteriormente fue envuelta en sábanas y cojines del sofá. Dos terapeutas, junto a dos ayudantes, se acostaron encima mientras indicaban que se esforzara por salir.

 

La niña pide ayuda y se queja, y la terapeuta explica esto como un signo de “resistencia emocional” que requería de más trabajo y confrontación. Finalmente, Candance fallece asfixiada. Este lamentable asesinato (hay que llamar las cosas por su nombre) llevó a la promulgación de la Ley Candance, la cual prohíbe en Colorado el uso de la pseudoterapia del renacimiento.

 

El segundo caso es uno que se originó en mi país, México, pero que estuvo rondando en las redes sociales de otros países. A finales de febrero, la psicóloga Olga Gracia en una transmisión en vivo de un programa de radio llamado “Dos pájaros de cuenta”, aseguró que por el “destino” las mujeres se “encuentran con su violador”. En sus propias palabras:

 

Incluso una violación es una fusión de amor, porque los dos sistemas, aun así sea agresivamente, quieren juntarse y a través de la fusión explota ese amor y van a seguir juntos, aunque la pareja no se vuelva a ver, nadie desbarata esa fusión. A esa persona exactamente que la violó, aún sea un desconocido, se tenían que encontrar por destino”.

 

¿Es esto un disparate que nadie se creería? Evidentemente. ¿Es peligroso? Por supuesto que sí, porque minimiza una situación tan fuerte como lo es una violación, y, sobre todo, lo romantiza diciendo que es una “fusión de amor”.

 

Así como estos ejemplos hay varios que, lastimosamente, a veces pueden ser tan mortales como el primero, y tan absurdamente peligrosos como el segundo. Los psicólogos y las psicólogas tenemos una responsabilidad muy grande frente a la sociedad, nuestras declaraciones y práctica no debe ser tomada tan a la ligera, ya que podemos hacer mucho daño a esas personas que sólo buscan recibir ayuda.

 

 

2. El desconocimiento de su propia ciencia

 

No quiero extenderme mucho en este y el siguiente punto, ya que no quiero convertir mi discurso en un estímulo aversivo. Principalmente quisiera expresar mi opinión sobre este tema. En Twitter (mención no pagada) cada día hay varios debates, unos muy interesantes y otros redundantes, estos últimos suelen ser sobre cosas que, a día de hoy ya están superadas, o parte de supuestos erróneos, para esto pondré un ejemplo.

 

Es evidente que el público en general no tiene que saber todos los mecanismos comportamentales que están presentes en el problema de la “depresión”. Sin embargo, se sigue viendo a la “depresión” desde un modelo biomédico en el cual su causa es un desequilibrio en los niveles de serotonina. Esto se vuelve un problema debido a que algunos psicólogos divulgan a los cuatro vientos esa conclusión como si fuera una verdad absoluta: lo comentan en internet, en la televisión, en la radio, en talleres, en conferencias y en los consultorios, expandiendo la idea de que la “depresión” es meramente una “enfermedad del cerebro”.

 

En el artículo de Jeffrey Lacasse titulado “Serotonina y depresión: una desconexión entre la publicidad y la literatura científica” menciona que la investigación de la neurociencia contemporánea no ha podido confirmar ninguna lesión serotoninérgica en ningún trastorno mental (2005).

 

De igual manera se menciona un problema lógico al utilizar “el razonamiento al revés”, se dice que como los ISRS tienen resultados positivos se concluye que es la serotonina la causante de la “depresión”. Sería igual decir que como la aspirina cura los dolores de cabeza, los dolores de cabeza deben estar causados por una reducción de aspirina.

 

El tema de la “depresión” es uno que da para mucho más, el objetivo de mencionarlo en esta publicación es ver cómo muchos psicólogos y psicólogas desconocemos los mecanismos de los problemas con los que trabajamos (y ni hablar de los principios de aprendizaje y el propio objeto de estudio).

 

En mi propia experiencia, he visto a muchos psicólogos y psicólogas que basan su trabajo en la falacia de autoridad más que en la evidencia científica, esto es un problema tanto a nivel interno como externo de la profesión

 

Por un lado, se siguen enseñando hipótesis que se ha demostrado que no tienen buena evidencia, lo que a largo plazo ocasiona que nuevos estudiantes de psicología sigan predicando falso conocimiento.

 

Por el otro lado, este mismo desconocimiento lleva a los nuevos profesionales, y los no tan nuevos, a cometer errores en su práctica, lo que nos puede llevar a los dos ejemplos que mencioné en el apartado anterior, y al rechazo de tratamientos basados en la evidencia.

 

 

 

3. El origen del problema: la formación universitaria

 

Por último, pasamos a donde yo opino que se ubica el origen de todo este meollo, lo que lleva a psicólogos a utilizar pseudociencia, y los lleva a decir sandeces, la formación universitaria. Esta parte será todavía más enfocada en mi propia experiencia, lo que podría llegar a sesgar mi opinión, si tú que estás leyendo esto tienes una opinión diferente, me encantaría conocerla y leerla en comentarios.

 

En la universidad no nos enseñan a basar nuestra práctica en la ciencia, es más, muchas veces no se ve a la psicología como una ciencia, sino como una práctica independiente, o un “arte”. Esto no sucede sólo en la universidad, es un problema en todos los niveles educativos de México. Enfocados en la formación universitaria se ve a la psicología como “la carrera para los que no les gustan las matemáticas”, o como “los que querían ser médicos y no pudieron”.

 

La formación que yo tuve estuvo basada en el eclecticismo, las universidades ofertan una psicología general en la que todo se vale, desde los primeros semestres se nos enseña al “padre de la psicología” el maravilloso Freud. El psicoanálisis y sus variantes “humanistas” son las que dominan la formación universitaria. ¿Qué otras opciones hay? ¿El conductismo? ¡Na! Eso es cosa de ratas y perros… ¿Terapia cognitivo conductual? ¡Menos! Eso sólo sustituye al síntoma…

 

Los psicólogos en formación son adoctrinados desde el inicio de la carrera, se les dice que las personas que fuman y toman alcohol tienen una fijación oral, que si no creen en Dios es porque tienen conflictos con su padre (parece chiste, pero es anécdota), y, sobre todo, que el psicoanálisis, al ir a lo “profundo”, es lo único que puede curar a las personas (claro que no explican que el tratamiento durará más de 5 años y pagando dos sesiones por semana).

 

Las leyes del aprendizaje no existieron en mi época de universitario, yo las descubrí un año después de graduarme. Y este es el problema de la formación, todo empieza aquí, el alumno aprende sobre el inconsciente, las interpretaciones sin contexto, los dibujos mágicos, los arquetipos, la silla vacía, la pirámide, etc.

 

Los alumnos aprenden muchas cosas que son erróneas, se gradúan, se especializan en más cosas que son erróneas, las ponen en práctica, se hacen maestros y terminan compartiendo las mismas cosas erróneas y, como dice la canción del Rey León, es un ciclo sin fin.

 

¿Se puede salir de este ciclo sin fin? Claro que se puede, sin embargo, a veces toma mucho tiempo aceptar que quizá las cosas que aprendiste no son como tú crees, es una cachetada de ciencia día tras días, pero que a largo plazo tiene beneficios, no sólo a nivel individual, sino a nivel de la profesión y ciencia que hemos decidido practicar.

 

Así que como reflexión quisiera pedirles a los futuros psicólogos y psicólogas que puedan leer esto: cuestionen, critiquen, aprendan, lean, debatan, no tengan miedo de preguntar y de equivocarse. Como siempre digo, aquí estamos todos para aprender.

 

 

REFERENCIAS:

 

· Caballo, V., Salazar, I. (2019). Ingenuos: el engaño de las terapias alternativas. España: Siglo XXI.

 

· Critican a psicóloga por decir que la violación es una “fusión de amor”. (25 de Febrero de 2020). Recuperado de https://www.milenio.com/virales/video-destrozan-a-psicologa-por-decir-que-la-violacion-es-amor

 

· Lacasse JR., Leo, J. (2005) Serotonin and Depression: A Disconnect between the Advertisements and the Scientific Literature. PLOS Med 2(12)

Acerca del autor

Psicólogo por la Universidad Autónoma del Noreste (México). Psicólogo clínico con maestría en Terapia Cognitivo-Conductual (más conductual que cognitivo).

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